contra
los jesuitas tan virulento
que motivó la prohibición, por el Congreso peruano, del establecimiento de esta
orden religiosa en el país y su expulsión.
Como
lingüista —Palma fue presidente de la Academia Peruana de Lengua desde su fundación, el 5 de mayo de
1887— abogó por la admisión de nuevos vocablos, lo que quedó reflejado en sus
libros Neologismos y americanismos (1896) y Papeletas
lexicográficas (1903).
Los
relatos breves sobre diversos temas, que comenzó a escribir a principios de los
años 1859, más tarde derivarían en sus Tradiciones (en rigor, la primera
vez que usó el nombre de “tradición peruana” fue para un texto de 1854 titulado Infernum el hechicero y que nunca fue
recogido en las series). La primera serie de esta obra magna de Palma la
publicó en 1872, el mismo año en el que, a raíz del asesinato del
presidente Jose Balta,
decide abandonar la política y consagrarse definitivamente a las letras.
Los
textos que componen las Tradiciones —y que se puede decir que
constituyen un nuevo género, intermedio entre el relato y la crónica— están
construidos a partir de hechos históricos o anécdotas populares de carácter
ligero y burlesco que constituyen un género literario particular. Al primer
volumen, le siguió, dos años después, otro con la segunda serie. En total, las
series fueron seis, a las que hay que agregar Ropa vieja y Ropa
apolillada. El título de Tradiciones peruanas, con el que se conocen hoy
el conjunto de esos libros, fue utilizado por primera vez en la edición
barcelonesa de cuatro tomos (1893-1896). Pero este no fue el fin de la serie:
más tarde publicó Tradiciones y artículos
históricos, Cachivaches, Mis últimas tradiciones peruanas y cachivache ría y Apéndice a mis últimas tradiciones peruanas, más la
edición El Palma de la juventud. Las hijas de Palma, ya muerto el
escritor, se encargaron de hacer la edición definitiva, en seis volúmenes, de
las Tradiciones peruanas, que contó con el apoyo del gobierno de su país.

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